domingo, 4 de noviembre de 2018

El Síndrome del Impostor en la escritura

Quería escribir acerca de este asunto desde hace ya algún tiempo. En el mundo de la escritura se da muchas más veces de las que quizá estemos dispuestos a reconocer. E incluso me atrevería a decir que aflora más en los escritores autopublicados que en aquellos respaldados por editorial. Pero ¿en qué consiste realmente el síndrome del impostor?

Se trata de un trastorno que oficialmente aún no se reconoce como tal. El término fue utilizado por primera vez en 1978 por las psicólogas Clance e Imes, refiriéndose a la incapacidad de internalizar logros acompañado de malestar emocional y miedo a ser descubierto y etiquetado como fraude. La persona que sufre el síndrome del impostor considera que no merece sus éxitos, alegando que lo que han conseguido es fruto de coincidencias, suerte o por hacerse pasar por algo que no es. Cree que es sobrestimado. La sensación de «no estar a la altura» o «no ser lo suficientemente bueno» es constante, además de un acusado temor al fracaso. Por eso, se acompaña de una creencia muy común: si los demás ven mi verdadero yo, descubrirán que soy una persona muy diferente, mucho menos capaz.

Síndrome del impostor
«Si saben quién soy realmente, su imagen de mí cambiará. Descubrirán que soy un fraude»

A grandes rasgos, sufrir este tipo de pensamientos desemboca en trabajar por debajo del potencial o trabajar muy duro para justificar que el éxito es gracias a eso y no a las propias capacidades. El síndrome del impostor hace creer que los cumplidos son inmerecidos. Es muy posible que esté relacionado con la tendencia de esta sociedad a señalar al que destaca, a mirarlo con envidia, a criticarlo a las espaldas. ¿Por qué deberíamos, entonces, destacar si no estamos a la altura de quien sí lo merece? La baja autoestima, un pobre autoconcepto, falta de confianza hacia uno mismo y emociones negativas sin motivo aparente (como tristeza, melancolía, ansiedad, desesperanza, etc.) son otros aspectos íntimamente ligados.

Ya sabemos que en el mundo de la escritura hay mucha competencia, compañeros muy buenos ante los que es fácil sentir que uno no vale tanto. Sus obras son magistrales, las nuestras son mediocres. Ellos son excelentes, nosotros somos impostores. Esta clase de pensamientos frenan la confianza en nosotros mismos y las ganas de seguir adelante, pues creemos que nunca podremos llegar a ser algo mejor.

Existe la creencia popular de que los autopublicados o los autoeditados son peores autores que aquellos cuyos libros han visto la luz a través de editorial. Los autores que salen perjudicados suelen ser los primeros que se creen el estereotipo. Además de mi experiencia como escritora, la que tengo como lectora me ha enseñado que puedo disfrutar igual o más con un libro autoeditado que con otro de editorial tradicional. Y con la mayoría de editorial tradicional disfruto mucho.

Síndrome del impostor y escritura
No contar con el respaldo de una editorial suele ser motivo de inseguridad en el escritor

Hay obstáculos que nos son impuestos por las circunstancias, pero muchos otros nos los colocamos nosotros. En especial, cuando no confiamos en nuestra capacidad ni en nuestro trabajo. Entonces, ¿qué podemos hacer ante esta molesta forma de vernos a nosotros mismos? Unas cuantas sugerencias nunca vienen mal:
  • Aprovecha que eres escritor/a para plasmar en papel todos esos pensamientos negativos e intrusivos. Verlos escritos puede ayudar a relativizarlos y verlos desde otra perspectiva.
  • Apunta tus puntos fuertes en una lista. Como irás comprobando gracias a la multitud de puntos que escribirás, no eres ningún impostor. 
  • Haz otra lista con tus objetivos a corto plazo. Son mucho más fáciles de conseguir que aquellos a largo plazo, y además te terminarán conduciendo a ellos. Ver cómo vas consiguiendo lo que te propones te ayudará a reconocer tus competencias.
  • No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Querer escribir y postergarlo solo aumentará tu sensación de inutilidad. ¿Que te enfrentas a una escena complicada? Imagínala y escríbela. Siempre hay tiempo de modificar y corregir después. ¿Que no tienes muchas ganas de continuar? Las musas aparecen trabajando, que no te quepa duda. Superar tareas difíciles hará que te sientas mejor contigo mismo/a.
  • La humildad es importante. Si algo de positivo tiene el síndrome del impostor es que, en su justa medida, nos recuerda que no somos infalibles. Los errores nos impulsan a mejorar, y cualquier mejora es bienvenida. A veces, la competición no la encontramos con los compañeros, sino al mirarnos al espejo. Ver progresos nos conduce más cerca de quienes queremos ser.
Con estas estrategias y con la posible ayuda de un profesional se busca acabar con la dependencia de las opiniones del resto, de querer encontrar continuamente la aprobación de los demás, ganar objetividad con respecto a nosotros mismos, reconocer nuestras limitaciones y capacidades, y ser capaces de aceptar los cumplidos.

En fin. A veces es complicado apartar los pensamientos que nos sitúan por debajo de los demás, en la sombra, haciéndonos creer que no somos suficiente. Sin embargo, trabajamos para seguir avanzando, convertimos imágenes en letras y letras en historias. Hacemos que nuestras historias viajen. Tal vez hoy no nos encontremos en el lugar en el que queremos estar, pero desde luego estamos más cerca que ayer. Y no olvidemos que lo bonito no solo lo hallamos en la meta, sino también en el recorrido.